Las señales en el lenguaje, de un equipo que pierde capacidad de gestión

Grupo mixto en laptop – cultura de confianza ODEI

Generalizaciones, distorsiones y omisiones:

Por Manuel Solórzano ODEI Consultores SAS | Cel: 3203017835

  • En las empresas y en las entidades públicas, las palabras importan. El lenguaje que usan los equipos de liderazgo es mucho más que un asunto de estilo: es un espejo de su capacidad de gestión. Y cuando ese lenguaje está lleno de generalizaciones, distorsiones y omisiones, estamos frente a un síntoma claro de que el equipo no está consolidado y que su efectividad está comprometida.
  • Frases como “hay que mejorar la comunicación”, “la gente está desmotivada”, “todo el mundo está haciendo lo que puede” suenan bien en las reuniones, pero no resuelven nada.
  • Son generalizaciones que evitan precisar los problemas reales, distorsiones que exageran o minimizan las situaciones, y omisiones que borran responsabilidades y detalles críticos.
  • En un equipo de liderazgo maduro, cada problema se nombra con claridad, cada situación se describe con evidencia concreta y cada solución se diseña con responsables, tiempos y métricas claras. Pero cuando prevalece el discurso vago, el equipo entra en un ciclo de autocomplacencia y deterioro: se habla mucho, se avanza poco y se gestiona menos.
  • Los lingüistas Bandler y Grinder advirtieron hace décadas que el lenguaje tiende a deformar la experiencia a través de tres mecanismos inconscientes:
  1. Generalización: extrapolar un caso aislado a toda la organización. Ejemplo típico en un comité ejecutivo: “Aquí nadie quiere trabajar (cuando el problema real involucra áreas o grupos específicos).
  2. Distorsión: interpretar la realidad sin verificar los hechos. Ejemplo frecuente: “Si no cambiamos todo el modelo ahora, vamos a perder todos los clientes” (sin ningún estudio que respalde esa afirmación).
  3. Omisión: callar detalles esenciales para entender el problema. Frase común: “El proyecto no funcionó” (sin identificar cuál fase falló, qué responsables estuvieron implicados, o qué variables externas influyeron).
  • ¿El resultado? Diagnósticos imprecisos, decisiones erráticas y estrategias que fracasan en su ejecución.
  • Un equipo que generaliza evita enfrentar las diferencias internas. Un equipo que distorsiona evita asumir la complejidad de los problemas. Un equipo que omite evita asignar responsabilidades. Y un equipo que evita estas conversaciones está renunciando, en la práctica, a su capacidad de liderar.
  • Superar esta trampa no es opcional: es vital. Significa practicar una comunicación valiente, precisa y rigurosa.
  • Significa preguntar ante cada afirmación: ¿Quién exactamente ¿Cómo lo sabemos ¿Qué no se está diciendo?
  • La consolidación de un equipo de liderazgo no se mide en la cantidad de acuerdos que declara en sus reuniones, sino en la calidad del lenguaje que utiliza para construir su acción colectiva.