Por: Manuel Solórzano Jara 320 3017835 www.ODEIConsultores.com
A primera vista, podría parecer que la figura de un mandatario y la de un adolescente inmaduro no tienen mucho en común. Sin embargo, cuando el Presidente de una nación presenta rasgos de inmadurez emocional y comportamientos autodestructivos, las semejanzas se hacen evidentes.
Tener a un adolescente desadaptado, adicto a las drogas y agresivo al frente de la Presidencia de la República no es solo una tragedia simbólica: es una amenaza concreta para la estabilidad institucional y el bienestar colectivo. Como un joven sin límites, guiado por impulsos, egocentrismo y desprecio por las reglas, este tipo de liderazgo siembra el caos, degrada el lenguaje público y convierte el poder en un juego de provocaciones y venganzas.
Las instituciones se doblegan ante sus arrebatos, el debate público se transforma en insulto, y el país entero se ve atrapado en una lógica inmadura de víctima y verdugo. Más preocupante aún es la figura de los ministros: no como contrapesos o consejeros, sino como cómplices temerosos, que reaccionan con sumisión frente al grito, la amenaza o la mirada. Es la lógica de la pandilla trasladada al Consejo de Ministros: jerarquías impuestas por el miedo, obediencia sin pensamiento, y un silencio que huele a complicidad o cobardía. El resultado es un gobierno que no gobierna, sino que sobrevive a los estallidos emocionales de su cabecilla, arrastrando al país consigo.
Veamos cómo ciertas características de un adolescente desadaptado pueden reflejarse en el actuar de un mandatario.
- Son mentirosos
- Adolescente: Distorsiona la realidad para evitar consecuencias o para inflar su imagen ante los demás.
- Mandatario: Manipula datos, distorsiona la verdad o simplemente miente descaradamente para mantener el control político o justificar sus fracasos. Los discursos del mandatario llegan al absurdo de mezclar literatura como realidad, pretende ser historiador y erudito sin la solidez académica que se requiere.
2. Inestable Emocionalmente
- Adolescente: Sus emociones fluctúan constantemente, pasando de la euforia a la depresión sin razones aparentes.
- Mandatario: Sus decisiones están basadas en impulsos más que en la razón, reacciona de manera exagerada ante críticas y sus cambios de opinión son erráticos e impredecibles. Un ejemplo evidente fue colocar a Colombia en riesgo frente a lo que se ha construido con años de esfuerzo de empresarios e instituciones del mismo gobierno.
3. Adictos
- Adolescente: Busca escape en vicios que lo desconectan de la realidad, evitando responsabilidades y enfrentamientos personales. No son capaces de aplazar las gratificaciones.
- Mandatario: Puede tener adicciones físicas o psicológicas que afectan su desempeño. También puede ser adicto a la propaganda, a los aplausos o al culto a su propia imagen. Cuando hablan pueden volverse logorreicos.
4. Baja Autoestima y odio hacia lo que considera superior
- Adolescente: Se siente inferior y, en vez de mejorar, menosprecia y ataca a quienes sobre salen.
- Mandatario: Desprecia el talento y el conocimiento ajeno, rodeándose de mediocres para no sentirse amenazado. Rechaza el progreso que no pueda atribuirse.
5. Llevado de su Parecer
- Adolescente: Se aferra a sus ideas aun cuando estén equivocadas, creyendo que ceder es perder.
- Mandatario: Se niega a escuchar asesores o expertos, toma decisiones arbitrarias sin importar el impacto que tengan en la población.
6. Indiferente a los perjuicios que causa. Es decir, es irresponsable
- Adolescente: No mide las consecuencias de sus actos y, si lo hace, no le importan mientras sirvan a su ego.
- Mandatario: Prioriza su imagen y su poder sobre el bienestar común, sacrificando recursos, estabilidad y hasta vidas por demostrar que tiene razón. Caso de la reforma a la salud y laboral.
7. Nunca maduran y siempre culpabilizan a los demás
- Adolescente: En lugar de asumir responsabilidad por sus acciones, culpa a sus padres, maestros o amigos de sus fracasos.
- Mandatario: Siempre encuentra culpables externos: gobiernos anteriores, oposición, medios de comunicación o cualquier entidad ajena a él para justificar sus errores y fracasos.

En conclusión, cuando un Presidente se comporta como un adolescente rebelde, el costo lo paga toda la sociedad. En vez de guiar con madurez, responsabilidad y visión, se deja arrastrar por sus inseguridades y necesidades personales. La diferencia es que, mientras un adolescente eventualmente madura o aprende de sus errores, un mandatario inmaduro puede dejar cicatrices permanentes en su país.
Pero lo más grotesco del espectáculo es el gabinete: ministros que actúan más como secuaces que como funcionarios, con la mirada baja y la voz temblorosa, obedeciendo órdenes absurdas como si fueran reglas de una pandilla. Y uno no sabe qué da más miedo: si el presidente en su locura o sus ministros en su obediencia.
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